jueves, 17 de mayo de 2012

RECUPERANDO TRADICIONES. LA FIESTA DE LA INVENCIÓN DE LA CRUZ Y LA ROMERÍA HASTA EL CERRO DEL ECCE HOMO

Se embarca una de las más jóvenes cofradías alcalaínas, la del Santísimo Cristo atado a la Columna y María Santísima de las Lágrimas y del Consuelo en la apasionante aventura de recordar –parece que la palabra recuperar se antoja un tanto presuntuosa- una de las más antiguas tradiciones de la Ciudad de Alcalá, aunque ya extinta desde hace algunos siglos: la festividad de la Invención de la Santa Cruz.

Desde el año 2010, la cofradía procesiona la Santa Cruz por las calles complutenses en un lindo paso portado por valientes niños y niñas en el sábado más cercano al día en que tiene fijada la Iglesia Católica la festividad de la Invención de la Cruz: el 3 de mayo.

Si embargo no tiene esta celebración una vinculación reciente con nuestra ciudad. La Invención de la Santa Cruz se celebraba en Alcalá hasta el siglo XVII y había una romería hasta el cerro de la Vera Cruz, de la Bella Cruz o como hoy todos lo conocemos: el Ecce Homo. Progresivamente la procesión abandonaría el costoso ascenso desde el Valle del Henares hasta los 836 metros de altitud que hay en la cima de nuestro emblemático monte, donde finalizaba la carrera procesional. Pero en esto nos detendremos más adelante.

Por este motivo, con un sustrato histórico y tradicional ya existente, vio con buenos ojos la cofradía que se empezara a recordar la festividad de la Vera Cruz en una procesión hasta donde antaño acudían no sólo los alcalaínos sino los habitantes de pueblos colindantes del Alfoz complutense. Y será este año 2012 cuando comencemos este proyecto de hermandad en una fecha un poco alejada de la más adecuada que es el 3 de mayo: el sábado 20 de mayo. Bueno, los inicios son, a veces, complicados pero poco a poco se irán perfeccionando los detalles. No obstante, la ilusión nos desborda.

Muchos nos hemos preguntado el porqué del 3 de mayo. ¿Qué sucedió el 3 de mayo en Alcalá para que se celebrara la Invención de la Santa Cruz? Pero la cosa se complica cuando verificamos que esta festividad tiene lugar en otros muchos puntos de la geografía española, lo cual hace pensar en un origen anterior.

Por este motivo, narraremos primeramente la leyenda de la Santa Cruz en el contexto de Alcalá y, posteriormente, los orígenes más antiguos.
Muchos lectores conocerán la legendaria historia que relaciona la Vera Cruz con Alcalá. Para leer este pasaje de la Historia de Alcalá contamos con dos libros que están al alcance de los ciudadanos y en venta en algunas librerías: La Historia de la Ciudad de Compluto, vulgarmente Alcalá de Santiuste, y aora de Henares (Parte I) del alcalaíno historiador Miguel de Portilla y Esquivel (1725) y la Historia de la ciudad de Alcalá de Henares (antigua Compluto), del alcalde Esteban Azaña (1882-1883). Mucho más épica y entretenida resulta la lectura de la aparición de la Vera Cruz en el libro de Esteban Azaña, que hace parecer al lector estar viviendo el legendario momento. En ambas historias podremos leer cómo durante las maniobras de conquista del castillo de Alcalá La Vieja por parte de las tropas cristianas lideradas por el arzobispo Don Bernardo, una Cruz resplandeciente apareció sobre la cima del cerro Ecce Homo y dio los ánimos suficientes a las tropas castellanas para ganar al ejército enemigo que se hacía fuerte en la alcazaba moruna de Alcalá La Vieja. Se ha venido transmitiendo que la aparición de la Vera Cruz en el cielo complutense ocurrió el 3 de mayo de 1118, el mismo día en que la Iglesia Católica celebra la Invención de la Cruz. En conmemoración a tan milagroso acontecimiento, se edificó la espaciosa ermita de la Vera Cruz. Lo que hoy se percibe en el suelo es la planta de un templo rectangular y con ábside semicircular canónicamente orientado al Este, a Tierra Santa, lo cual hace pensar que se trata de un edificio de tradición románica –probablemente el único vestigio de arquitectura, al menos en su planta, románica en el término municipal de Alcalá- y que por tanto vendría a coincidir cronológicamente con los momentos en que se decidiera alzar la ermita, o sea, el siglo XII o XIII a más tardar. Las descripciones que existen del templo parecen insinuar características propias de los templos románicos con ábsides semicirculares, es decir, presbiterio cubierto con bóveda de cañón y ábside cubierto con bóveda de horno. Portilla describe una cruz azul pintada en la pared; en el lado de la epístola señala la presencia de un crucifijo muy devoto. No conocemos el aspecto externo del edificio pero muy probablemente sería de fábrica sencilla, como corresponde al mudéjar, es decir, zócalo a base de cantos rodados que abundan en el páramo o de sillares calizos que, aunque más escasos, pueden encontrarse en la parte más alta de los cerros (a más de 800 metros de altitud); los muros serían de ladrillo con cajones de material más sólido (cantos o piedras calizas) al estilo toledano o de los edificios que salpican el casco histórico; en el ábside se abrirían estrechas ventanitas. Para su portada, imagino las iglesias mudéjares de Cuéllar, con algunas arquivoltas en ladrillo y apoyadas sobre nacelas. La ermita de la Oliva (Patones) es un ejemplo que nos da una idea bastante aproximada de cómo fue nuestra ermita de la Vera Cruz. Dudo más, aunque no se descarta dada la importancia histórica y devocional del templo, que tuviera un aspecto más monumental, es decir, con ábsides al estilo del de la iglesia de Camarma de Esteruelas o de aspecto más islámico o toledano como el de Valdilecha, con arcos lobulados, con canecillos y frisos en esquinillas de ladrillo; por la escasez de la piedra, también sería menos probable un templo con predominancia de la piedra caliza en su fábrica al estilo románico clásico, con modillones labrados y ventanas con columnas y capiteles labrados…O quizá un híbrido como la iglesia de Pezuela de las Torres, con fábrica sencilla al estilo mudéjar y detalles propios del románico en los arcos pétreos de sus ventanas absidiales. No lo sabemos, son conjeturas que nos invitan a soñar sobre el aspecto medieval del Ecce Homo y sus múltiples ermitas. Las procesiones hasta la ermita de la Vera Cruz fueron en declive, hasta el punto de que en época de Portilla sólo se llegaba hasta la ermita de Nuestra Señora del Val.
La fecha de la celebración de la Invención de la Santa Cruz el 3 de mayo viene recogida en los libros litúrgicos en que se contienen las ceremonias determinadas por la Iglesia Católica para la administración de Sacramentos, celebración de misas y la realización de otras funciones sagradas.

Parece que en tiempos del emperador Constantino, hacia el 6º año de su reinado, existía un conflicto bélico entre Roma y los bárbaros a orillas del Danubio. La victoria sobre el ejército norteño es casi imposible. Pero una noche el emperador Constantino tiene una visión: una cruz resplandeciente se le aparece y sobre ella la frase “In hoc signo vincis” o “con esta señal vencerás”. Con esto, el emperador romano manda construir una cruz que coloca al frente de su ejército, el cual vence a los bárbaros sin dificultad. Al regreso de la batalla, Constantino queda impregnado por el valor de la cruz y averigua el significado del símbolo, se bautiza en el cristianismo y manda construir iglesias. Posteriormente manda a su madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera cruz en la que murió Jesucristo. Una vez en Jerusalén y hallado el monte donde había fallecido Jesús, dieron con las tres cruces. ¿Cuál de ellas sería la vera cruz o verdadera cruz? Colocaron sobre las dos primeras cruces a un joven sin vida sin que nada sucediera hasta que resucitó tan pronto fue colocado sobre la tercera y verdadera cruz: la Vera Cruz. Antes de fallecer Santa Elena, quiso que todos los cristianos celebraran la fecha en que fue encontrada la auténtica cruz sobre la que murió Cristo: el 3 de mayo.

En España se tiene constancia de que los orígenes de la celebración de la Santa Cruz datan de época visigoda, concretamente hacia el siglo VII.

Y en la actualidad, el 20 de mayo de 2012 acudiremos en hermandad a la cima del cerro del Ecce Homo, antaño de la Vera Cruz acompañados por una Cruz, el símbolo de los cristianos. No queremos con ello rememorar la parte en que dos culturas –la europea y la norteafricana- y dos religiones –la cristiana y la musulmana- luchaban y se daban muerte. Hoy creemos en la convivencia pacífica y el respeto intercultural e interreligioso. Nuestra voluntad es recuperar esa marcha o romería hasta nuestro emblemático cerro como hacían nuestros antepasados hace siglos.
Subiremos con alegría y portando la Cruz hasta el lugar donde se levantaba la ermita de la Vera Cruz, el que posiblemente sea el único resto visible de herencia románica en el término municipal de Alcalá. En ese lugar tendrá lugar una misa, posiblemente la primera que se celebra allí desde hace siglos, cuando las tres ermitas estaban en pie.
Durante nuestro peregrinar en la mañana del 20 de mayo atravesaremos los cerros, las primeras estribaciones de la Alcarria de Alcalá que se extiende hasta el río Tajuña y que engloba a los pueblos alcarreños que fueron parte del Alfoz de Alcalá. Atravesaremos un valioso ecosistema habitado por varios centenares de especies vegetales adaptadas a las condiciones esteparias y áridas de estas terreras arcillosas que forman un singular paisaje de profundas cárcavas y cortados que generan caprichosos modelados. En los tiempos en que se peregrinaba hasta la Vera Cruze, en estos cerros pastaban en los ganados de los antiguos alcalaínos, los cuales cultivaban también esparto para sus enseres y extraían arcillas para los afamados alfares complutenses.
El ascenso será por el Barranco de la Zarza hacia la cara Sur del cerro Ecce Homo o Vera Cruz. En esta primera edición desechamos la opción de subir por el lado Norte, aunque interesante porque sería el que empleaban los alcalaínos. Si subiéramos por el Norte, pasaríamos junto al cerro Malvecino desde donde se colocaron artefactos que tendrían como fin destruir los muros del castillo de Alcalá la Vieja durante su conquista; luego pasaríamos por el propio castillo y admiraríamos con absoluto respeto los restos arqueológicos que hay en el yacimiento. Desde ahí comprobaríamos la posición de la Ermita Santuario de Nuestra Señora del Val, patrona de la Ciudad. Y ya abandonado el castillo recorreríamos el camino que antaño estuvo repleto de ermitas por toda la fachada septentrional del Ecce Homo o cerro de la Vera Cruz. La subida por este lado tendrá que valorarse por su dificultad aunque reúne todos los puntos clave que rodean la tradición de la Vera Cruz.

Una vez coronado el Ecce Homo, ya a casi 300 metros sobre el Henares, sobre la planicie mesetaria del cerro tendremos una vista preciosa. A nuestros pies, la Ciudad de Alcalá bañada por el padre Henares, dador de vida en todo su recorrido desde Sigüenza hasta su desembocadura en Mejorada. Divisaremos las montañas del Sistema Central, dos capitales de provincia como son Guadalajara y Madrid pero también poblaciones como Azuqueca, Torrejón de Ardoz, Alovera, Daganzo o Camarma de Esteruelas. Veremos cómo nuestra urbe se funde por el Norte con la inmensa llanura de La Campiña. Dos paisajes tan distintos, la agreste y montañosa Alcarria y la cerealista y llana Campiña. Y entre medias queda Alcalá, campiñera y alcarreña por los cuatro costados.

A nuestras espaldas divisamos dos pueblos alcarreños que fueron del Alfoz de Alcalá y que acudían a este lugar en la festividad del 3 de mayo en honor a la Vera Cruz: Los Santos de la Humosa y Santorcaz.

Centrados en la altiplanicie que pisamos y a la que hemos llegado ilusionados pero algo sofocados, tenemos que observar los restos de tres construcciones que fueron el centro neurálgico de este sacromonte. Primeramente la planta de tradición románica de la ermita de la Vera Cruz que se construyó en conmemoración del milagroso suceso antes narrado. En su inmediatez veremos los cada vez más exiguos muros de la ermita que fue del Ecce Homo y los restos de la ermita del Santo Sepulcro, socavada en la viva roca caliza pero en un penoso estado de degradación no sólo por el abandono secular –una vez su cofradía deja de tener sede en la cima del cerro y cesa la procesión hasta aquí- sino por el comportamiento irrespetuoso de quienes dañan y no valoran el patrimonio complutense, monumental, histórico y tradicional. Nosotros, sin embargo, trataremos de valorar estos restos y de infundir un sentimiento de amor y de respeto a nuestra tradición y a nuestro patrimonio, por maltrechos que estén. Quién sabe si desde este momento surgen jóvenes que emprenderán labores de recuperación y protección de este maravilloso entorno.

En definitiva, ya arriba, comeremos y celebraremos la festividad de la Vera Cruz –aunque un poco a destiempo-. Pasaremos una jornada de campo entre hermanos y amigos, acompañados por nuestra particular Vera Cruz que habrá sido portada desde la sede de la Hermandad del Santísimo Cristo atado a la Columna y María Santísima de las Lágrimas y el Consuelo y por la legendaria historia de la aparición de la Vera Cruz aparecida un 3 de mayo del año 1118 en este mismo cerro del Ecce Homo o de la Vera Cruz.

La salida será a las 11 de la mañana en el aparcamiento del Parque de los Cerros, al que se accede por la carretera M-300 o “del Gurugú”, una vez se deshace el camino hacia la ciudad en la rotonda del Cementerio Jardín para entrar cuidadosamente a la derecha, antes del Centro de Artesanía.

La ruta por el Barranco de la Zarza durará unas 2 horas porque iremos tranquilamente, disfrutando del paisaje alcarreño y de la explosión de vida, tanto vegetal como animal. Contaremos leyendas e historias de Alcalá, nos detendremos a hablar cuando proceda.

Comeremos en lo alto del cerro y cuando se tercie, regresaremos a la ciudad, a una hora prudente porque al día siguiente hay que ir al cole y, los que no sufren la lacra del paro, al trabajo.

La senda es cómoda y llana hasta los últimos centenares de metros en que una pronunciadísima cuesta nos obligará a ralentizar el paso e incluso a parar para tomar aire y quitarnos abrigo. Este agrio ascenso, sin embargo, nos premia con unas formidables vistas del Barranco del Lobo y del Cerro de la Virgen.

Una gorra, ropa cómoda, calzado adecuado, crema solar, abundante agua y unos prismáticos serán recomendables.

Si todo va bien, incluso podrían cantarse mayos, lucir vestimentas tradicionales de Alcalá, bailar las danzas que fueron propias de esta tierra, protegerse los yacimientos arqueológicos para evitar una destrucción que acabe con todo rastro del pasado, invitar a los pueblos del alfoz que acudían a esta procesión como Santorcaz, Los Santos, Villalbilla, Anchuelo y Los Hueros…

Nada más. Expresar desde estas líneas mi sincero agradecimiento a la Cofradía y Hermandad del Santísimo Cristo atado a la Columna y María Santísima de las Lágrimas y el Consuelo por haber recibido con tanta ilusión esta idea y por haber tirado para delante con esta iniciativa de recuperación de algo que fue importante para la ciudad, que conecta con la Historia más antigua de la misma y que viene a reforzar la riqueza de tradiciones complutenses. En este caso, procurando al máximo ser escrupulosamente sensibles y respetuosos hacia la riqueza natural y patrimonial del Parque de los Cerros de Alcalá de Henares, sin alterar ni un ápice el medio, para que las futuras generaciones de cofrades en particular y de complutenses en general sigan disfrutando un paraje tan emocionante y sobrecogedor como éste.

Pedro Manuel García Carvajal