jueves, 24 de junio de 2010

EL GRAN PODER NO ES UNA VENUS

POR ANTONIO BURGOS

¿Qué pasaría si un funcionario de Prisiones cogiera la motosierra y talara el árbol de Guernica?

¿QUÉ pasaría si un funcionario de Prisiones entre tarambana y majareta, al término de un solemne acto ante la Casa de Juntas, cogiera la motosierra que llevaba en una mochila y talara el árbol de Guernica? Una vez que lo hubieran reducido en su locura y detenido, ¿qué le imputarían? ¿Un atentado ecológico acaso? No, por lo menos lo hacían reo de ofensa a los sentimientos del pueblo vascongado, de agravio a su historia, de afrenta a su símbolo. Argumentarían que con ese árbol de Guernica, sagrado para tantos ciudadanos, habían querido cortar muchas más cosas que un tronco y unas ramas. Bueno, pues a los sevillanos nos han talado el árbol de nuestra fe, el símbolo de nuestra religiosidad popular, como cantaba el remate de la saeta de Centeno: «Tronco de la Madre Iglesia/ y árbol del paraíso». ¿Y de qué van a acusar al loco o algo peor que loco que le ha arrancado un brazo a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder? ¿De atentado sacrílego? No, padre. ¿De ofensa al sentimiento religioso de todo un pueblo? Frío, frío. ¿De agravio a los símbolos sagrados? Tampoco. ¿De acto vandálico contra la libertad religiosa? Menos. Al agresor le imputan, aguanten la indignación y el asombro, ¡un delito contra el patrimonio histórico-artístico!

Lo aclaro, por si no lo han entendido bien: arrancarle un brazo al Gran Poder y, con él, los sentimientos de fe y devoción al pueblo que sabe que es el Hijo de Dios, es lo mismo que cuando el Real Madrid ha ganado la Copa, la hinchada lo celebra en Cibeles, un exaltado se sube a la fuente y en su alegría por colocarle una bufanda blanca y morada le rompe un brazo al mármol de la diosa romana. Lo aclaro, por si no lo han entendido bien y no van comprendiendo con quién nos jugamos los cuartos y hasta dónde ha llegado el agua en esta horrible riada del laicismo y del agnosticismo, cuando no la persecución a la Iglesia y a todo lo que huela a sentimiento cristiano. Arrancarle un brazo al Gran Poder es lo mismo que pegarle dos patadas a un mosaico de Itálica y cargarse media docena de teselas. Como entrar en el Museo de Mérida y escoñar una Venus. Arrancarle un brazo al Gran Poder, al que tantas madres rezan, ante El que tantos padres lloran la pérdida de un hijo, es como el que entró en la Biblioteca Nacional con una cuchilla de afeitar, cortó los mapas de un incunable y se los llevó a su casa.

Así que ya lo saben, para que queden perfectamente integrados en la-modernidad-y-el-progreso del respeto que merecen aquí los sentimientos religiosos, siempre que, claro, estén relacionados con un burka, un Corán, una chilaba y una babucha; porque, caso contrario, todo es facherío, carcundia, rancidez, aunque sea la fe de siglos de todo un pueblo. Querer destruir la imagen de Cristo Salvador en su Gran Poder no va en absoluto contra la religiosidad, ni contra la fe. Es un atentado contra el patrimonio. ¿Es cosa de Mahoma acaso esto del Gran Poder? ¡Pues entonces! Son ganas de enredar y de negar los tiempos de cuatro meapilas, que dicen que cortarle un brazo al Gran Poder es agraviar la fe de un pueblo, ofender sus más hondas convicciones religiosas, atacar el legado de creencias de muchas generaciones. El Gran Poder, para que se enteren, sólo es una escultura de muchísimo mérito artístico. Como la Venus de Milo, que también es manca, una cosa así. Esto es lo que hay. Que sepan que aquí han hecho ya obligatoriamente agnóstico hasta al Código Penal. (Como no sea un atentado contra el patrimonio inmaterial de la fe de todo un pueblo...)

FUENTE: ABC SEVILLA

Desde nuestra cofradía, queremos mandar todo el apoyo y anímo a todos los cofrades de Sevilla y en especial a los de la Hermandad del Gran Poder, por la brutal agresión que sufrió hace unos días la imagen Titular. Esperemos que este tipo de actos hagan que los cofrades estemos aún más unidos frente al laicismo impuesto y a los continuos ataques que estamos sufriendo en la sociedad actual, que ya comienzan a recordar a aquellos ataques sufridos en los no tan lejanos años 30 del siglo pasado.