viernes, 15 de enero de 2010

¿POR QUÉ CELEBRAMOS LA CANDELARIA?

Esta festividad, que ya se ha convertido en uno de los días "grandes" dentro de la corporación, tiene su origen en la celebración litúrgica de la fiesta de la Purificación y la presentación del Niño Dios en el templo. Se celebra el 2 de febrero, aunque nosotros lo celebramos el sábado más cercano que este año es el 6 de febrero.

En tiempo de Jesús, la ley prescribía en el Levítico que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo nacido era varón, debía ser circuncidado a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante treinta y tres días más, purificándose a través del recogimiento y la oración. Ya que se cumpliera la fecha, acudía en compañía de su esposo a las puertas del templo para llevar una ofrenda: un cordero o unas palomas. Con respecto al niño, todo primogénito debía ser consagrado al Señor, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que había salvado Dios. José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén. Como eran pobres, llevaron dos palomas blancas. Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a todos los pueblos, de aquí el uso de las velas o candelas que se bendicen durante la celebración. Después, le dijo a María que una espada atravesaría su alma, profetizando los sufrimientos que tendría que afrontar y asociándola al sacrificio de su hijo.

Este acto de obediencia a un rito legal, al que no estaban obligados ni Jesús ni María, constituye una lección de humildad, como culminación de la Navidad. Es una fiesta que podemos aprovechar para reflexionar acerca de la obediencia de María y para agradecer a Jesús que haya venido a iluminar nuestro camino.